Bielski; atractiva mirada sobre Chéjov

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Crítica de Javier Villán de nuestro espectáculo La gaviota de Anton Chéjov para el diario El Mundo.



Teatro / Vanguardia y renovación

Bielski; atractiva mirada sobre Chéjov

‘LA GAVIOTA’
Calificación: ***

Javier Villán / Madrid
Réplika ha ido afirmando una idea de teatro que se dirige tanto a la cabeza como al sentimiento. Es una idea basada, en esencia, en la palabra, pero con un matiz nada baladí: la palabra es una entidad que tiene luz, sombras, claroscuros; y una dimensión espacial y sensorial.
Textos muy conocidos, textos muy representados, adquieren en Jaroslaw Bielski una sobredimensión que unas veces es más acertada que otras, pero siempre sorprenden. Tiene algo de teatro de la muerte, de sombrío teatro de la desolación. Paralelamente a esta afirmación de una idea de teatro, Socorro Anadón se ha depurado también como actriz. Las enseñanzas de la Academia del Actor-Réplika Teatro que dirige parecen haberle influido también a ella: autorreflexión. Es evidente la madurez de una personalidad, afectada antes de cierta solemnidad, y apuntalada ahora por una reposada naturalidad sin retóricas… Esa medida afectación le viene muy bien en La Gaviota. Como Arkadina, la gran diva del teatro viejo que combate Chéjov, hace quizá uno de sus mejores papeles, dotando al personaje de autoridad y convencimiento.
El resto del reparto sigue las pautas de la escuela de Réplika: un realismo estilizado, cierto misterio, en realidad un antirrealismo, con Raúl Chacón como referente del grupo. La revelación es una burbujeante Beatriz Grimaldos en el papel de Nina, inocencia, amor, fracaso: gaviota herida, gaviota muerta. Luminosa en la expresión de sus ilusiones primero, y aplastada luego por la traición. Esta circularidad del sentimiento la trabaja bien Bielski.
Este es el texto en el que Chéjov hace la manifestación más explícita de sus Ideas sobre teatro. Konstantin es su álter ego: la vanguardia, la renovación frente a formas anquilosadas. Pero esta confrontación intelectual entre Arkadina (la diva, la madre castradora), Trigorin (intelectual instalado) y Konstantin (seguro del cambio pero incapaz de llevarlo a cabo) se convierte en confrontación de sentimientos y pasiones. Ése es el verdadero Chéjov y ese es el verdadero teatro. Para escapar al realismo que con frecuencia se ha atribuido a Chéjov, Bielski se imagina la obra como una pesadilla de la que los personajes condenados por un destino sombrío entran y salen. Otra circularidad, la del tiempo. El pistoletazo de La Gaviota forma parte de la historia del teatro como el portazo de Nora en Casa de muñecas; y deja abierto el camino a esa circularidad. Y, trágicamente, a las nuevas ideas.