ALICIA

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AUTOR: Daniel Pérez
ESCENOGRAFÍA Y VESTUARIO: Agatha Ruiz de la Prada
COREOGRAFÍA: Eduardo Solís
DIRECCIÓN: Jaroslaw Bielski

REPARTO: Laura Orduña, Socorro Anadón, Joaquín Abad, Ana Carril, Paloma Leal, Luis Martí, Inma Cuevas, Mona Martínez, Jesús Cortés, Raúl Chacón y Rodrigo Ramírez.

ESTRENO en el Teatro Principal de Zamora.

 

Alicia, nuestra Alicia, también se va a sumergir en un país que todavía conserva alguno de los personajes que imaginó el autor británico, pero lo va a hacer con el toma y daca del diálogo teatral. Con situaciones diferentes aunque con la misma indisposición para llegar a comprender un mundo extraño, alejado de los convencionalismos y de las reglas de urbanidad.

De igual manera, en este siglo es interesante poner en pie a una niña que se sumerge en ambientes que nada tienen que ver con el pretendido mundo ordenado de nuestros días. A veces, llevarlo todo aprendido de la escuela no es suficiente para adivinar el mundo, tampoco se trata aquí de explicarlo, pero sí de poner sobre el escenario la posibilidad de que distintos seres se expresen con irritante libertad y contradigan el desarrollo lógico de las situaciones dramáticas.

Alicia no tiene mensaje, sólo el instante del juego, la posibilidad de que la imaginación llegue a lugares extraordinarios es todo lo que se pretende. En todo caso el puro teatro que es el puro juego.

A esta Alicia y a los personajes que la acompañan le gusta hablar, seguir dialogando mientras dibuja un camino inventado del que finalmente la sacará el despertarse. ¿O soñaba que se despertaba? Habla con la Liebre de Marzo, con el Conejo Blanco, con la Duquesa… y con todos mantiene juegos de palabras, adivinanzas, palabras con doble sentido, malentendidos y sobre todo el juego de que las palabras jueguen a juntarse. Versos alocados en distintas formas: redondillas, tercetos, pareados, que imprimen a la representación un ritmo pegadizo que en numerosas ocasiones va acompañado de canciones.

Alicia vuelve a nosotros con las expresiones de este tiempo y con la esperanza de que todos dejemos un hueco para que lo imprevisible tenga lugar y nos aliente a comprender que la vida puede tomar diferentes formas y seguir siendo vida. Al fin y al cabo, piensa el autor de esta Alicia, que cualquier cosa que quepa en la imaginación ya es realidad, ya existe. Así es como Alicia y otros grandes personajes inventados, han pasado a formar parte no sólo de nuestra cultura, sino del arquetipo por el cual, y solamente por él, somos capaces de comprender otros ángulos de la existencia.

Daniel Pérez